lunes, 30 de abril de 2007

Respuesta cinco

Ayer vi correr a los niños entre las olas, jugaban a que el mar los atrapaba, a que los barquitos de papel zarpaban hacia el horizonte.

Olores de brisa y elote, churritos bañados en chile y mariscos con limón, inundaban el ambiente.

Caminar por el malecón entre la gente, que con parsimonia recorren el camino adoquinado, llenó el corazón de alegría. A lo lejos, el conjunto norteño cantaba "Tragos de amargo licor", mientras que los oyentes entonaban el coro con pasión.

Ahí te vi, con tu piel morena al sol. Probé tu cuerpo y mis labios se quedaron llenos de tu sal.

domingo, 29 de abril de 2007

Quinta entrega

Me gusta la ciudad cuando la recorro contigo, ver su mar en silencio, con sólo su golpear de olas, llenándonos de brisa a media noche, y en los zapatos destellos de arena.
Hay días en que nos sobran las palabras para contarnos la vida, los pasos recorridos, el destello en los ojos, los atardeceres.
Me gusta que me tomes de la cintura y ser tu guía en el laberinto de la ciudad.

Respuesta cuatro

Sin embargo, ahí seguimos, esperando el momento para escapar a cualquier rincón, un cuarto, una cama, sábanas blancas. La ciudad se queda afuera, ansiosa de saber qué sucede.
Nosotros no la invitamos a pasar, sólo le contamos lo que pasa, lo que nos pasa, lo que hacemos, y ella, la ciudad, no es partícipe, pero nos deja tomarla, asaltarla y amarla.

Cuarta entrega

No me gusta la ciudad que me separa de tí, que pone miles de kilómetros de distancia, que no me deja que te escuche, que te lea, que te vea.
Espero a que la ciudad me conceda tus ojos verdes.

Respuesta tercera

¿Qué sería de los enamorados si no existieran los caminos para encontrarse, para llegar al mismo punto, para llegar el uno al otro?
Recorrer caminos de asfalto, juntos tomados del brazo, hace más fácil el andar. No sentir el duro suelo, bajo las suelas del zapato, ni estremecerse ante el muro metálico que divide la tierra.
Enamorados, se siguen uno al otro, buscándose, oliéndose, deseándose. Para eso están los caminos, para encontrarse, en medio de la flor de los cuatro vientos.

Tercera entrega

Desde aquí puedo imaginarme el mar de tus ojos, atardecer en tu cuerpo. Pegadita a tí. Sólo que a veces los pocos kilómetros que separan al valle del mar se hacen eternos, extensos.
El tímido sol casi primaveral calienta los recuerdos y las huellas que dejaste en mi paraíso de paredes blancas. Por las noches, puedo escuchar el eco que dejó tu voz y la música regada en las esquinas y los suelos amorosos.
Te espero del otro lado de la ciudad.

Respuesta segunda

Una llamada a mi teléfono anuncia el odio. La ciudad ha sido asaltada por hombres que han cambiado sus manos por armas. Me pregunto ¿acaso no recibieron suficiente amor, que prefieren mostrar el rostro del rencor y acabar con lo que nosotros siempre celebramos: la vida?
La ciudad se paraliza, todo pierde importancia, ya no nos importa la basura, los hoyos del pavimento, en los que a diario caemos, ni los asaltantes de bancos, ni los niños que venden chicles en la calle o flores en los antros, o los jomles caminando por el canal sin rumbo fijo. Los sicarios andan metidos entre las calles, diseminando su desprecio en contra de la humanidad.
Pero cuando me hablas tú, olvido todo lo demás.

Segunda entrega

Cada día inventamos una ciudad sólo para nosotros. Renombramos las calles por donde pasamos día a día, decoramos con faroles, bugambilias y perfumamos con gardenia; sólo queda intacta nuestra esquina rosada.
Los miedos más profundos los guardamos en los sótanos oscuros y llenos de sombras, aquí no caben, no cuando estamos juntos.
A veces me pregunto por tus ojos verdes cuando las calles vuelven a sus antiguos nombres, cuando la violencia repta por las calles, cuando no hay perfumes, ni faroles y las esquinas se vuelven oscuras, cuando cae un invierno gris.
Cuando amanece y entra el sol por la ventana, empiezo a imaginar los nombres que le pondremos a las calles cuando vuelvan a ver pasar nuestro amor.

Respuesta primera

Los años nunca han sido obstáculos. El cuerpo aunque tenga un mes o se cuelgue la piel, siente, siente cuando alguien rosa la mejilla, cuando los dedos del otro se enlazan buscando la compañía de tu mano.
Así los árboles del parque del centro, han sido nuestro techo, han extendido sus brazos repletos de hojas, anunciando que viven para estar ahí, a la espera de los enamorados.
Y ahí estamos, susurrando secretos, observando a los otros que pasan despistados por los andadores de piedra, alineados por pequeños arbustos, mientras que los gritos de los niños invaden el ambiente.
Ahí estamos a la espera, a que la tarde se extinga, allá donde el mar acaba, para correr al rincón que hemos decidido tener.

Primera entrega

Nacimos en ciudades distintas, en tiempos distintos, los años y los sueños nos han reunido, despacito.
Emigré del desierto para encontrarte en un mar maravilloso. Cada uno trae pedazos de estrellas en el corazón. Somos la vía láctea juntos.
Hemos recorrido ciudades enteras tomados de la mano, cantando nuestro amor. Paseándolo por plazas, malecones, calles transitadas.
Tenemos en la piel imborrables recuerdos de atardeceres en distintos mares, pedazos de historias rosaspúrpuras, pasión en la voz cuando repetimos nuestros nombres.
Amo tu cuerpo calientito, cuando está listo para recibirme vestida de piel de luna.