domingo, 4 de noviembre de 2007

Entrega XIX

La ciudad se vuelve invisible como el silencio. Las calles desaparecen entre la bruma, no hay calidez en los ojos de la gente que las transita. Duelen las entrañas de la tierra.

Parques llenos de tristeza por las tardes, donde el deseo de la piel se ha esfumado, se ha caido junto con el otoño; palabras endurecidas como piedras y cargando el corazón en pedazos. Extraño el cobijo del verano. Juego con hojas secas para no hacerte saber que el corazón está herido, para disipar las lágrimas que me inundan toda por dentro.

El aire frío, presagio del invierno que viene a grandes pasos se sale por mis manos. Toda la piel partida. Te extiendo los brazos para que me des calor y desapareces, como si fueras un fantasma; las palabras no hacen eco, los deseos se aniquilan. Sigues acostado mirando al cielo, perdido. Umbral de dolor.

Respuesta XVIII

Después de las cenizas, ya te puedo ver: simple, clara, como siempre. Después de estar entre bruma y polvo, te percibo como invariablemente eres, dinámica y sin descanso.

Ciudad de altos cerros y profundos cañones, te recorro sobre ruedas de camiones públicos, veo los rostros todavía con las líneas de las cobijas pintadas sobre las mejillas; niños que no alcanzan a entender porqué se tienen que levantar a temprana hora; mujeres vestidas con su bata de la maquila, listas para llegar y registrar la entrada antes de las siete, para ganarse el bono de puntualidad.

Me pregunto si en nuestra vida llegamos puntuales a las personas, a las cosas, a los hechos. Si realmente vivimos lo que nos toca o es que llegamos antes o después… a veces se llega después, eso es definitivo. A ti he llegado demasiado tarde, y aún así, no me arrepiento, llegué en el momento en que debí llegar, ni modo, en el tiempo que la vida quiso que llegara. No hay más que hacer. A lo mejor alcanzo un bono de impuntualidad.

Sin embargo, tratamos de estar puntuales en el justo momento: en el trabajo, en la cita de amor, al llegar a nuestras casas, en la fiesta, no importa cuantos carros haya esperando fluir como sangre por las venas de concreto, lo importante es que estemos a tiempo.

Cada vez más tus caminos me parecen insoportables. Las construcciones de puentes y vías, alteran tu fisonomía, y aún así trato de llegar a la hora, al lugar donde alguien me espera.