La ciudad se vuelve invisible como el silencio. Las calles desaparecen entre la bruma, no hay calidez en los ojos de la gente que las transita. Duelen las entrañas de la tierra.
Parques llenos de tristeza por las tardes, donde el deseo de la piel se ha esfumado, se ha caido junto con el otoño; palabras endurecidas como piedras y cargando el corazón en pedazos. Extraño el cobijo del verano. Juego con hojas secas para no hacerte saber que el corazón está herido, para disipar las lágrimas que me inundan toda por dentro.
El aire frío, presagio del invierno que viene a grandes pasos se sale por mis manos. Toda la piel partida. Te extiendo los brazos para que me des calor y desapareces, como si fueras un fantasma; las palabras no hacen eco, los deseos se aniquilan. Sigues acostado mirando al cielo, perdido. Umbral de dolor.