Desde aquí puedo imaginarme el mar de tus ojos, atardecer en tu cuerpo. Pegadita a tí. Sólo que a veces los pocos kilómetros que separan al valle del mar se hacen eternos, extensos.
El tímido sol casi primaveral calienta los recuerdos y las huellas que dejaste en mi paraíso de paredes blancas. Por las noches, puedo escuchar el eco que dejó tu voz y la música regada en las esquinas y los suelos amorosos.
Te espero del otro lado de la ciudad.
El tímido sol casi primaveral calienta los recuerdos y las huellas que dejaste en mi paraíso de paredes blancas. Por las noches, puedo escuchar el eco que dejó tu voz y la música regada en las esquinas y los suelos amorosos.
Te espero del otro lado de la ciudad.
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