Caminando por la vías del tren, descubrí las tablas que sostienen los pisos de las casas encaramadas en los cerros; las flores silvestres que reclaman su espacio invadido por el cemento; las aguas negras que buscan una vereda al mar; los perros que salen a recibir a sus amos moviendo la cola de felicidad.
Te sigo por los caminos de arcilla y barro, marcados por el agua que cayó del cielo. Descubrimos la otra cara, la periferia. Alguien nos pregunta ¿quieren ir a la ciudad?, porque no es de ellos la urbe que esta detrás del cerro.
Las colonias parecen tristes, amorfas, caóticas, que toman otro sentido si tu me acompañas, y aparece el verde pasto que aviva la tierra después de la lluvia, y resalta ante mi vista más que las miserias de la ciudad.
Te sigo por los caminos de arcilla y barro, marcados por el agua que cayó del cielo. Descubrimos la otra cara, la periferia. Alguien nos pregunta ¿quieren ir a la ciudad?, porque no es de ellos la urbe que esta detrás del cerro.
Las colonias parecen tristes, amorfas, caóticas, que toman otro sentido si tu me acompañas, y aparece el verde pasto que aviva la tierra después de la lluvia, y resalta ante mi vista más que las miserias de la ciudad.