Dicen que Dios aprieta pero no ahorca. El problema es cuando aprieta y aprieta y aprieta, dejando pasar un ligero hilo de aire sobre la garganta, nos hace sacar las lágrimas y nos recuerda que existe. Y aún así no doy mi brazo a torcer y le digo, con esa voz dolorosa que apenas sale de mi cuello, no me vencerás.
Ciudad loca y caótica, aconséjame cuando voy sobre tus venas de asfalto, y dime qué le digo a ese dios que no deja de apretar, dame la calma para hablarle y explicarle que hace muchos años ya no me importa lo que piensa de mi, que lo único que ha hecho es meter zancadillas.
Ciudad a la que me aferro, dile a ese ente que tú eres mi salvación, que tú me llevas por los caminos que debo recorrer, a los lugares que hay en ti, y que me enseñas que tienes mucho que ofrecerme.
Dile que me llevas por aquellos caminos que esperan ser vestidos de concreto y grava; que me das un suave masaje en los hombros a la orilla del mar; y que me aconsejas a través de los cantos de los pájaros que se amontonan en los árboles del parque.
Sí, aprieta y friega, pero ahí sigo… ahí seguimos, porque tú, ciudad de todos y de nadie, siempre tiendes la mano a quienes llegan a tus entrañas para refugiarse.
Ciudad loca y caótica, aconséjame cuando voy sobre tus venas de asfalto, y dime qué le digo a ese dios que no deja de apretar, dame la calma para hablarle y explicarle que hace muchos años ya no me importa lo que piensa de mi, que lo único que ha hecho es meter zancadillas.
Ciudad a la que me aferro, dile a ese ente que tú eres mi salvación, que tú me llevas por los caminos que debo recorrer, a los lugares que hay en ti, y que me enseñas que tienes mucho que ofrecerme.
Dile que me llevas por aquellos caminos que esperan ser vestidos de concreto y grava; que me das un suave masaje en los hombros a la orilla del mar; y que me aconsejas a través de los cantos de los pájaros que se amontonan en los árboles del parque.
Sí, aprieta y friega, pero ahí sigo… ahí seguimos, porque tú, ciudad de todos y de nadie, siempre tiendes la mano a quienes llegan a tus entrañas para refugiarse.