Vuelvo a la ciudad después del diluvio que arrastró recuerdos, palabras dichas y promesas. Encuentro la ciudad aun con los muros mojados, sus calles encharcadas, las ventanas con gotas de lluvia dibujadas; ensayo a reinventarla, a verla como antes, a recrear el olor a gardenias, a fundirme en ella. Recojo la nostalgia.
Quiero redescubrir ese paisaje que dejé antes de irme, de huir; aunque me gustaría más colorido, más genuino. La realidad sigue empañada. Quiero recuperar la memoria de nuestros pasos recorriendo la ciudad; reencontrar tu rostro en cada calle, las risas perdidas; sacar poco a poco las fotos y los poemas guardados en el fondo del ropero; ponerme mi anillo de turquesa, conexión directa a tu corazón.
Espero que el paisaje del valle cambie su aridez, que se puedan cruzar los caminos, que cada destino que decida tomar sea cierto, que decidas llegar por la línea del tren a casa, que sea una ruta conocida y amada. No necesitarías brújula, sigue el sol cuando sale y por ahí entre pinos altos está mi corazón.