sábado, 6 de octubre de 2007

RESPUESTA XVII

Recorrerte es a veces extenuante; esperar 15 minutos plantada en una esquina a que un aerostar pintada de café con blanco, o un camión lento y ruidoso pase, me hace sentir un árbol pegado al suelo, con las raíces profundas, a punto de tirar la última hoja, en señal de que el gesto de la vida se pierde ahí parada…

No soy la única impaciente de ver el número infinito de vehículos delante del camión, que brinca a la menor provocación; la chica de a lado ve insistentemente la hora en el celular, contesta una llamada y explica que no tarda en llegar, aunque su arribo al lugar tarde más de 40 minutos en un tramo muy corto…

Es tal mi impaciencia de verte infectada por los vehículos y máquinas que construyen más vericuetos sobre tu rostro citadino, que decido bajar y caminar, aunque sé que el camión me alcanzará en el punto que quiero llegar, aun así, prefiero andar.

Hoy te recorrí por las diferentes rutas que hemos trazado con asfalto. Hoy vi los semblantes morenos y pálidos, donde la piel traza los huesos de rostros de mujeres, que sin opciones ni ayuda cargan a sus hijos, llenas de bolsas y pañaleras, recién salidas de la maquila, y me recordaste lo difícil que resultas, en ocasiones, vivirte y palparte.

Hoy subí y baje por cañones y cerros, tratando de orientarme para no perderme en las veredas; terminé agotada entre tanto transporte público y gente fusionada al volante. Que complicada resultas, y aún así no puedo dejar de sentirte mi ciudad. No reniego porque me has adoptado, como una madre que acepta a sus hijos sin condiciones.