Después de las cenizas, ya te puedo ver: simple, clara, como siempre. Después de estar entre bruma y polvo, te percibo como invariablemente eres, dinámica y sin descanso.
Ciudad de altos cerros y profundos cañones, te recorro sobre ruedas de camiones públicos, veo los rostros todavía con las líneas de las cobijas pintadas sobre las mejillas; niños que no alcanzan a entender porqué se tienen que levantar a temprana hora; mujeres vestidas con su bata de la maquila, listas para llegar y registrar la entrada antes de las siete, para ganarse el bono de puntualidad.
Me pregunto si en nuestra vida llegamos puntuales a las personas, a las cosas, a los hechos. Si realmente vivimos lo que nos toca o es que llegamos antes o después… a veces se llega después, eso es definitivo. A ti he llegado demasiado tarde, y aún así, no me arrepiento, llegué en el momento en que debí llegar, ni modo, en el tiempo que la vida quiso que llegara. No hay más que hacer. A lo mejor alcanzo un bono de impuntualidad.
Sin embargo, tratamos de estar puntuales en el justo momento: en el trabajo, en la cita de amor, al llegar a nuestras casas, en la fiesta, no importa cuantos carros haya esperando fluir como sangre por las venas de concreto, lo importante es que estemos a tiempo.
Cada vez más tus caminos me parecen insoportables. Las construcciones de puentes y vías, alteran tu fisonomía, y aún así trato de llegar a la hora, al lugar donde alguien me espera.
Ciudad de altos cerros y profundos cañones, te recorro sobre ruedas de camiones públicos, veo los rostros todavía con las líneas de las cobijas pintadas sobre las mejillas; niños que no alcanzan a entender porqué se tienen que levantar a temprana hora; mujeres vestidas con su bata de la maquila, listas para llegar y registrar la entrada antes de las siete, para ganarse el bono de puntualidad.
Me pregunto si en nuestra vida llegamos puntuales a las personas, a las cosas, a los hechos. Si realmente vivimos lo que nos toca o es que llegamos antes o después… a veces se llega después, eso es definitivo. A ti he llegado demasiado tarde, y aún así, no me arrepiento, llegué en el momento en que debí llegar, ni modo, en el tiempo que la vida quiso que llegara. No hay más que hacer. A lo mejor alcanzo un bono de impuntualidad.
Sin embargo, tratamos de estar puntuales en el justo momento: en el trabajo, en la cita de amor, al llegar a nuestras casas, en la fiesta, no importa cuantos carros haya esperando fluir como sangre por las venas de concreto, lo importante es que estemos a tiempo.
Cada vez más tus caminos me parecen insoportables. Las construcciones de puentes y vías, alteran tu fisonomía, y aún así trato de llegar a la hora, al lugar donde alguien me espera.
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