La luna creciente cae sobre la ciudad que se ha vestido de otoño, nubes salpicadas de gris y púrpura aparecen en el cielo. Ciudad de octubre, árboles que mudan las hojas o cambian de color, el rumor de la lluvia llega, olor a tierra mojada.
Te quiero contar la ciudad en su tercera estación: Las mariposas desaparecen por el frío, los jardines cambian de color, la nostalgia flota en el aire, las chimeneas empiezan a encenderse y entorno a ellas las reuniones interminables con los amigos, las risas, los acuerdos, los que hablan mucho, los que no hablan nada. Festivales interminables que celebrán el otoño y a las lunas más bellas; poesía erótica en las paredes. El infaltable tren desvelado que pasa por Las Joyas, puntual a la media noche. Vientos santaneros levantan el polvo de todo lo que se hace añejo, de todo lo que tiene que cambiar. Todo arde. Lluvia de cenizas.
Llegan nuevos habitantes como golondrinas, la ciudad se hace pequeña entre tanto carro, quisiera calles amplias como cada domingo.
En otoño llegó la luna llena a mi cuerpo, contigo a un lado, amaneciendo, despertando con música de viento en tu cuerpo. Luego nos despedimos con un beso largo y el sol reciente.
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