Con el calor infernal, que aún no le corresponde a la estación, tus olores se acentúan. A veces la brisa del mar da un aire fresco a mis pulmones, y otras, el olor a orines y drenajes malhumorados por las altas temperaturas, me reciben al caminar los distintos centros que te forman.
Ya no sólo es el centro viejo, donde quedan algunos edificios testigos de tus inicios.
Ahora, también son puntos de encuentro de miles de almas, donde un "mall", miles de casitas donde habitan más de cinco personas, se mueven dentro de un espacio reducido: maquila-centro comercial-casa.
Pareciera que para muchos, el otro extremo no existe... no existe el mar, no existe el valle, ni las carreteras del norte ni las que van al sur. Sólo existen las tiendas departamentales, las bodegas donde trabajan por más de 10 horas diarias, la televisión que espera a ser encendida con un botón, y la mugre de la casa que nadie limpió durante el día, porque no queda tiempo para ver de lejos los cerros y cañones, ni las flores que con la primavera regresaron a poner de colores la vista. No hay tiempo ni siquiera de recorrer tus calles, tus centros, por eso nadie sabe que tienes los cuatros puntos cardinales para caminarse.
Quiero ese tiempo para verte, olerte y sentirte... y tú ¿me acompañas?
Ya no sólo es el centro viejo, donde quedan algunos edificios testigos de tus inicios.
Ahora, también son puntos de encuentro de miles de almas, donde un "mall", miles de casitas donde habitan más de cinco personas, se mueven dentro de un espacio reducido: maquila-centro comercial-casa.
Pareciera que para muchos, el otro extremo no existe... no existe el mar, no existe el valle, ni las carreteras del norte ni las que van al sur. Sólo existen las tiendas departamentales, las bodegas donde trabajan por más de 10 horas diarias, la televisión que espera a ser encendida con un botón, y la mugre de la casa que nadie limpió durante el día, porque no queda tiempo para ver de lejos los cerros y cañones, ni las flores que con la primavera regresaron a poner de colores la vista. No hay tiempo ni siquiera de recorrer tus calles, tus centros, por eso nadie sabe que tienes los cuatros puntos cardinales para caminarse.
Quiero ese tiempo para verte, olerte y sentirte... y tú ¿me acompañas?
1 comentario:
Sentí el sofoco de la ciudad en la garganta, una Tijuana escondida que va olvidando lo cerca que está del mar. La vida entre cuatro paredes de casas que se encogen cada día más, "paseos" por centros comerciales monótonos y la esclavitud de vuelta en esos trabajos de 12 horas, donde no hay ventanas, sólo bonos de puntualidad y horas extras: se vende la vida por los vales de la Comer. Tan lejos quedan la playa y los paseos a pies descalzos en la arena como los sueños de una vida de color.
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