Crucé el mar para llegar a una ciudad llena de sol, con lumbre en las calles, con voces ancestrales que trae el viento y gigantes con brazos abiertos que inventaron el desierto.
Esta ciudad está llena de edificios y calles viejas, muros de adobe, cerros en forma de campanas y un museo que antes fue cárcel. Los paseos por el parque son a medianoche, cuando el sol da tregua y descanso, cuando la luna llena nos da suspiros y nos refresca el rostro.
Mientras camino por sus calles, veo casas con portones silenciosos, vacíos, mariposas cansadas de calor, pájaros que guardan su canto al caer la tarde y pasos enamorados que se guarecen bajo los árboles.
A esta ciudad vine al encuentro de palabras, de voces que son poemas, a nuestro encuentro, al encuentro de amigos, a las horas calurosas de cada año y a recorrer un hotel laberíntico que por cinco días fue nuestro hogar.
Todas las noches él besaba cada cachito de mi piel, escribía en mi espalda historias amorosas, tocaba música adentro de mi cuerpo y, al final, dormía abrazado a mi vientre.
Esta ciudad está llena de edificios y calles viejas, muros de adobe, cerros en forma de campanas y un museo que antes fue cárcel. Los paseos por el parque son a medianoche, cuando el sol da tregua y descanso, cuando la luna llena nos da suspiros y nos refresca el rostro.
Mientras camino por sus calles, veo casas con portones silenciosos, vacíos, mariposas cansadas de calor, pájaros que guardan su canto al caer la tarde y pasos enamorados que se guarecen bajo los árboles.
A esta ciudad vine al encuentro de palabras, de voces que son poemas, a nuestro encuentro, al encuentro de amigos, a las horas calurosas de cada año y a recorrer un hotel laberíntico que por cinco días fue nuestro hogar.
Todas las noches él besaba cada cachito de mi piel, escribía en mi espalda historias amorosas, tocaba música adentro de mi cuerpo y, al final, dormía abrazado a mi vientre.
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