Me gusta cuando nos escondemos de la ciudad al caer la tarde; huímos del ruido y los ecos que trae el viento, buscamos una sombra amorosa para habitarnos y revivir una historia de pasión en la piel.
Abandonamos a la ciudad que es una mujer vestida de sombras y a las calles pavimentadas de desesperanza, de amor, de peligro, de deseos. Afuera la ciudad transcurre, vive las últimas horas del día. La tarde cansada abraza a los pájaros que vuelven a sus nidos, cobija a los andantes que no tienen hogar y los edificios comienzan a encender sus luces.
Me recorres como si fuera tierra desconocida y liberas las mariposas de mi vientre; cabalgas en deseos, brillan tus ojos, veo el amor, me hundo en tu mar embravecido. Exploras mis playas extensas, crecen las olas de mi cuerpo, te envuelvo. Mi cuerpo y el tuyo se transforman en tormenta, lluevo en tus labios, soy camino transitado por tus manos de amanecer calientito, me llenas de música con besos húmedos entre mis piernas. Bailo.
Al entrar de nuevo en la ciudad la noche no es oscura, está cubierta de flores iluminadas con olor a deseo y, en tus manos, llevas arrullos de tarde de una luna que acariciaste al caer el sol.
1 comentario:
también yo quiero ser mar, que alguien deje huellas en mi arena... y bailar.
muy buena la sopita de letras!!
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