martes 18 de diciembre de 2007

Entrega XXI

Con el atardecer a mis espaldas manejo por las calles de un paseo cerca del mar: Brisa, Cantil, Gruta, Cueva, Lluvia; calles que he recorrido infinidad de veces de tarde, de madrugada, contigo a mi lado. Busco el eco de cuando cantabas mi nombre esdrújulo por esos laberintos, por esa “ciudad sin sur”. En el silencio del viento escucho como susurro nuestro sound track, canciones de luna, las del desierto: shinning star, wonderful tonight, you make me feel brand new, stay, y la Janis y el John Lennon; los atardeceres frente al mar y los guitarreos santaneros.

Cada calle tiene nuestros pasos pintados, han visto el amor reflejado en nuestros ojos, lo hemos cantado por valles, mares azules, infinitamente transparentes y cálidos, pueblos, ciudades interminables con grandes edificios que entretejen las historias de cachos de rostros, de paisajes, de susurros.

Recorro mentalmente nuestros paseos por la ciudad y el graznido de los cuervos y el zureo de las palomas me acompañan, mientras tanto el tiempo se apresura a vivir sus últimas horas.

En esta ciudad hemos hecho nuestros muchos rincones, lugares preferidos y con mucho significado, palabras claves, juegos: La esquina rosada inicio de muchos viajes, la sombra eterna y el resguardo de los pinos enormes y espejos de agua, los viernes de confesiones en las colinas de la ciudad, las lunas de octubre, promesas de ópalo, el vino tinto, los anillos de turquesa y el power del corazón, mi paraíso de paredes blancas y el olor a gardenias, las eternas horas de junio, los cumpleaños en el desierto y la escena de la dama y el vagabundo, un cocinero italiano y un mesero español y una celebración con violines; las cenas deliciosas a la luz de la luna casi llena, los cidís imposibles y la sorpresa en tus ojos.

Hemos inventado nuestros mapas, sobrevivido a tormentas y la inclemencia de truenos, de huracanes; nos hemos resguardado a la sombra de flores, de palabras bonitas, besos largos, abrazos calientitos, miradas serenas y el amor que toda la ciudad conoce.

Regreso al valle con la luna recién aparecida y una sonrisa en mis labios y mis ojos brillantes, pensando que contigo el amor ha tenido un sabor simplemente delicioso, como tarde de verano.

1 comentarios:

jose fá dijo...

Hola, no tengo perdón, había extraviado los datos de tu blog. Lo que me ayuda un poco en esto de la culpa es que hoy, nada más ver tu cuerva de luz, me lo arrebaté yo misma y casi corrí a buscarte, leerte y decirte que te dejo un abrazo. Volveré.